



Toledo – la capital y la provincia – viene figurando en la proclamación anual de empresas modelos, productores y artesanos ejemplares y campeones de Destreza en el Oficio. Y esta vez destaca por este último concepto, en el que ha resultado campeón nacional el equipo de tramoyistas de nuestro Teatro de Rojas.
Es ya tradicional el prestigio de los tramoyistas toledanos, vinculado al de nuestros carpinteros en general. La destreza en el oficio de los artesanos y operarios de toledo viene de muy lejos. Arranca de los antiguos gremios, que se afanaron por la obra bien hecha y dejaron esas huellas admirables de las construcciones monumentales y domésticas, de sus ornamentaciones interiores y exteriores, de cualquier trabajo en que ponían sus manos.
En el hierro, en la cantería, en el ladrillo, en la madera, en el metal precioso, en las telas, en la imprenta y encuadernación, en fin, en todo material que trabajaban, dejaron testimonios brillantes de su habilidad y su buen gusto.
De padres a hijos se ha transmitido esta idoneidad laboral, favorecida también por el ambiente clásico de la ciudad. Y es proverbial la buena disposición innata de todo toledano para el arte y la artesanía, para cualquier trabajo manual, por delicado que fuere. De ello pueden dar felos maestros de la Fábrica de Armas, los profesores de la Escuela de Artes y Oficios, los talleres de damasquinos, las obras del ramo de construcción. Y ahí están, por otra parte, las restauraciones de monumentos, con sus primores de cantería, de ladrillo y de otros materiales, perfectamente laborados. Sirvan de ejemplo las obras del Alcázar, Santa Cruz, de San Juan de los Reyes, de Santiago del Arrabal...
La carpintería tiene obras magistrales en retablos, artesonados, muebles, portones, corredores de balaústres, escaleras con pasamanos, tejaroces, voladizos. Hay soberbias armazones de cubiertas de antiguos edificios. Sería prolija una precisión de añejas producciones en madera ya artesanas u ornamentales, ya de armar o puramente funcionales. De tallas artísticas, no digamos.
También en este ramo brillan hoy las excelentes cualidades de nuestros antiguos trabajadores, y no pocas obras de este tiempo pueden demostrarlo. La carpintería toledana es una especialidad laboral muy acreditada, lo mismo hoy que ayer. Tiene maestros y obreros excelentes.
Y como el teatro en Toledo es de relevante tradición, la tramoya responde a estos timbres, y siempre tuvo operarios muy expertos. Lo requería la vieja escena, aquella para la que se habilitó escenario tan amplio y de tanto fondo, y se montaron los profusos telares y juegos de bastidores de nuestro coliseo de Rojas. Obras escénicas de múltiples cambios de decorado como “Los Perros de San Bernardo”, o de mágia, como “La Pata de Cabra”, que exigía trampillas y otros ingenios para los trucos efectistas, ponían a prueba la habilidad y el esfuerzo de los tramoyistas.
Por entonces, en los albores del siglo, era jefe de la tramoya el maestro Aguirre. Le recordamos, grandón, de voz recia, gruñón, dirigiendo el complicado mecanismo entre bastidores. “¡Echar la selva!”, se le oía a veces desde el público de butacas, en las mutaciones o entreactos. Llegó a hacerse famoso entre los toledanos, todos, por entonces, frecuentadores del teatro, pues era el único espectáculo de la época.
Al maestro Aguirre, que tuvo a su cargo un buen equipo de tramoyistas durante largos años, le sustituyó, al morir, el maestro Tomás García, un temperamento distinto al otro, más suave y contemporizador, que siguió la línea competente de sus antecesores, y en 1922, siendo empresario de Rojas don Rafael García, fue encargado de la tramoya el maestro don Justo García, que a su competencia carpintera unía su conocimiento de la escena, a la que era muy aficionado, habiendo trabajado con diversos grupos teatrales “amateurs”.
Este es el hombre, con cuarenta y un años de ejercicio en nuestro teatro municipal, que ahora ha llevado al triunfo de campeones de Tramoya de España al equipo de Rojas, coronando así la fama de que ya gozaba.
El preciado galardón enaltece, tanto como a los actuales tramoyistas, a los que vinieron labrando, con su pericia y trabajo, singular prestigio entre las compañías que desfilaron por nuestro teatro y entre los toledanos.
Hay que tener en cuenta la actividad escénica de Toledo en otros tiempos. Las mejores compañías de España actuaron aquí. La de María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza, prez de la escena española, actuó en funciones memorables, como las representaciones de “La Dama del Armiño”, de Ardavín. Doña María era muy exigente para la puesta en escena, y se mostraba complacida de la labor de los tramoyistas toledanos. Había compañías, de zarzuela o de comedia, que hacían toda la temporada de Navidades u otras también largas, con funciones diarias, o alternas, o bisemanales. Recordamos a las de Gómez Ferrer, el maestro Puchol y Miguel.
Esto puede dar idea del asiduo y meritorio trabajo de los tramoyistas, los cuales, además habían de servir las funciones de aficionados, veladas artísticas, actos cívicos y mítines políticos, amén de bailes de sociedad, en que era preciso elevar el piso del patio de butacas e igualarlo con el del escenario, conviertiendo el teatro en un grande y hermoso salón, bellamente presentado en la parte correspondiente al palco escénico.
Tales trabajos los han realizado siempre nuestros tramoyistas con rapidez y exactitud, a gusto de empresas teatrales, directores de escena y organizadores de actos públicos. Encaramados a los altos telares o hundidos en el foso; moviendo bambalinas, instalando diablas, bajando y subiendo decorados, clavando armadijos, manejando el magnífico telón de boca, el de los figurados cortinajes rojos y la antigua Farándula, con San Juan de los Reyes al fondo, o el primitivo del escudo de Toledo, reservado para las solemnidades artísticas.
Bien merecen el título de campeones nacionales de Tramoya, que han recibido de manos del Caudillo de España.

