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Joven Orquesta Nacional de España

Delirios... ¡de concierto!

21 de septiembre

Mozart, Haydn y Beethoven 

Director: Javier Ulises Illán

Solistas: María Hinojosa, soprano. Luis Esnaola, violín. Joaquín Riquelme, viola

Duración: 1h. 40min.

Localidades: 10 y 7 €

Venta de entradas: a partir del 6 de septiembre

 

 

 

Joven Orquesta Nacional de España

ENTRADAS A LA VENTA A PARTIR DEL 6 DE SEPTIEMBRE A LAS 10:00 HORAS

La Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) pertenece al Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM), organismo dependiente del Ministerio de Cultura y Deporte. Fue creada en 1983 con el propósito de formar a músicos españoles en la etapa previa al ejercicio de su profesión. Desde entonces se han formado en la orquesta más de 2000 músicos. Su objetivo prioritario es la ampliación y el perfeccionamiento de sus conocimientos a través del estudio y la práctica del repertorio sinfónico y de cámara.

La JONDE celebra unos cinco encuentros al año, incluyendo en su repertorio desde música barroca a contemporánea. Durante los encuentros los músicos trabajan en ensayos parciales y de conjunto así como en sesiones de análisis con profesores, directores y solistas de reconocido prestigio internacional. Cada encuentro termina con una gira de conciertos, lo que ha llevado a la Orquesta por todo el país y, casi todos los años al extranjero, a salas de gran reputación y festivales de renombre de toda Europa y América.

Desde 2001 su director artístico es José Luis Turina.

 

Delirios… ¡de concierto!

Mozart, Haydn y Beethoven "alla italiana”

Javier Ulises Illán Ortiz

 

            La ciudad de Viena protagonizó a finales del siglo XVIII un deslumbrante florecimiento y desarrollo artístico donde, además de la ópera o la música de las celebraciones religiosas, eran habituales los conciertos por suscripción, también llamados “academias musicales”.

            En ese contexto de las academias musicales encontramos las escenas o arias de concierto, escritas específicamente para ser interpretadas en concierto y no para ser integradas en una ópera. Este tipo de aria dramática exige al compositor la expresión de emociones muy contrastantes por parte del cantante: ira, nostalgia, pasión o perdón… Los paisajes de la emoción del personaje dejan vislumbrar desde la acusación vehemente y airada ante la traición del amante, hasta el delirio, el perdón o la súplica de amor, o incluso la expresión de la añoranza y la nostalgia de los recuerdos más dulces. Estas escenas o arias de concierto son en sí mismas casi una ópera en miniatura.

            Este programa es una clara muestra de la maestría de los tres compositores que conforman la escuela de Viena: Haydn, Mozart y Beethoven. Los tres músicos componen arias de concierto, músicas “alla italiana”, sobre textos del afamado poeta y libretista Metastasio (1698 - 1782), donde muestra la progresiva evolución estética de la música. Cada una de estas arias está precedida por una obertura que, a su vez, condensa el estilo personal distintivo de cada uno de los compositores protagonistas.

            Mozart estrena en Viena, en 1790, la ópera Così fan tutte (“Así hacen todas”), un drama jocoso que él convierte, bajo un aparente forma de ópera bufa, en un laberinto de combinaciones psicoafectivas a través del cual desarrolla una amarga alegoría sobre la volubilidad de los sentimientos y las emociones humanas. El 31 de diciembre de 1789, el compositor salzburgués invita a su benefactor M. Puchberg al primer ensayo de esta ópera: “Le invito a usted (y sólo a usted) a mi casa el jueves por la mañana a las 10 para un pequeño ensayo operístico; sólo le invito a usted y a Haydn. De viva voz le contaré los tejemanejes de Salieri, que afortunadamente han fracasado. Adieu.” Haydn, admirador confeso de Mozart, le acompañó durante el proceso de creación y ensayo de esta producción, como amigo de gran confianza y consejero.

            Mozart tenía veinticinco años cuando compuso el aria Misera, dove son! sobre el texto del Ezio de Metastasio. Fulvia, desorientada, se pregunta dónde está, mientras se lamenta de los conflictos que le ha tocado vivir, tras lo que se contradice entonando: “¡Ah! No soy yo quien habla, es el bárbaro dolor, que me hace delirar”.     

            Un elemento diferente en este programa es la Sinfonía concertante para violín, viola y orquesta de Mozart, sin duda, una de sus obras maestras por el logro idiomático de los instrumentos solistas y por la madurez discursiva que aúna influencias de Alemania, Francia e Italia. Esta pieza, en mi opinión, sugiere un tierno y entrañable diálogo entre Wolfgang (violín) y su padre Leopold (viola), donde los unísonos y las imitaciones son como las propias voces de los protagonistas conversando, reconviniéndose y aconsejándose, en lo que supone un retrato musical de intensa profundidad emocional y psicológica. La obra da comienzo (Allegro maestoso) de manera positiva y energizante con una fanfarria solemne y con un particular sello, casi literal, de Mannheim, pues la sinfonía en Fa Mayor, Op. 9 nº4, de K. P. Stamitz, comienza exactamente del mismo modo. Con exquisita naturalidad, el segundo movimiento (Andante) se inicia con un tema lamentoso en modo menor y de carácter triste y cantabile, que es expuesto primeramente por los violines, y a continuación por los solistas con ligeras variaciones. No es un atrevimiento afirmar que estamos ante una de las páginas más bellas de las escritas por Mozart. El movimiento que cierra esta sinfonía (Presto) se nos presenta en forma de un bello rondó juguetón, ligero, virtuoso y vigorizante.

            El mismo año en que Mozart compuso la Sinfonía concertante, 1779, Joseph Haydn estrenaba L’Isola disabitata (La isla deshabitada) sobre el libreto de Metastasio, quien lo escribió expresamente para la corte de Madrid por encargo de su amigo Farinelli y que luego lo musicarían compositores como Giuseppe Bonno para Aranjuez, Sarti, Jommelli, Paisiello o el propio Manuel García. También sobre otro libreto metastasiano, Antígono, se construye la Scena di Berenice, una virtuosa aria de concierto estrenada en Londres, en 1795, en la que Berenice, princesa de Egipto, lamenta la muerte de su amado Demetrio, mientras presencia la partida de su fantasma al inframundo, y suplica ser llevada con él. Destacan la sublime petición del aria Non partir, bell’idol mio y el momento de delirio final que muestra el deterioro mental de la princesa.

            La fiereza marcial y tenebrosa de la Obertura de Coriolano (1807), plagada de acentos y sforzandi en fortissimo, nos introduce en la desesperada situación del antiguo líder romano Cayo Marcio Coriolano, que, implacable, decide invadir Roma. En contraste con esa obstinada violencia, Beethoven escribe un tema plácido y melódico para representar la voluntad de la madre de Coriolano que le ruega que desista de su intento. El militar, fascinado ante la majestuosidad de Roma, cede a los deseos de su madre, una vez que ya avanzaba con el ejército. Sin la posibilidad de echarse atrás, prefiere quitarse la vida antes que destruir Roma. La fuerza desplegada en la orquestación y el dramatismo exacerbado de esta obertura nos muestran ya un lenguaje beethoveniano romántico.     

            Joseph Haydn, además de mentor de Mozart, también fue profesor de Beethoven. Éste aprendió mucho del quehacer operístico de su maestro en Viena. De otro gran compositor, Antonio Salieri, asimiló el arte de musicar textos en italiano. Basado en gran medida en otro texto metastasiano, en este caso Achille in Sciro (Aquiles en Esciros), el aria Ah, Perfido! nos presenta a Deidamia que maldice a su infiel amante Aquiles, que la abandona. Ella le ruega dulcemente que no marche (Per pietà non dirmi addio), le acusa de ser cruel y se pregunta si acaso ella no es digna de piedad (Non son degna di pietà?).

            El reto maravilloso y exuberante de este programa lo afronta la JONDE con tremenda energía y expectación para sumergirse en las bases de la interpretación historicista, trabajando el estilo desde el conocimiento directo de las fuentes y guiados los intérpretes por un equipo de excepción. Estos espléndidos guías son quienes harán realidad, en la preparación de esta gira, la verdad que preconizaba Leopold Mozart, padre y maestro de Wolfgang, en la dedicatoria de su famoso tratado Escuela de violín: ”¡Cuántos jóvenes dotados de los más bellos dones de la naturaleza habrían crecido como plantas salvajes de forma descuidada en el bosque si en aquellos tiempos su ayuda paternal no les hubiera provisto de educación bajo el cuidado de personas razonables!”.

                                                                                 

                                                                                                         

 

Galería de videos

Sábado 21 de septiembre

20:00

Localidades: 10 y 7 €

 

A partir del 6 de septiembre aquí y en la taquilla del Teatro de Rojas.

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